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Pensamiento de un calcetín

Es increíble el momento en que crees encontrar a tu alma gemela. La que te completa. La perfecta pareja de algodón después de tanto sufrir con el poliéster.
Ya no más soledad; al fin dejarás de ser uno para ser un par.
Y las cosas se ponen aún mejor. Pasan todo el tiempo juntos. Ambos disfrutan cada segundo. Se acompañan en las noches de frío. Viven experiencias difíciles, situaciones tristes, felices y mojadas cuando llueve.
Pero inevitablemente, un día,  todo comienza a desgastarse. El resorte ya no es el mismo. Incluso deja de apretar como lo hacía al principio. Y comienzas a pensar en buscar otro calcetín.
¿No habrá un calcetín mejor en la lavadora? El cajón de la ropa limpia es enorme, debe haber algún calcetín que sea en verdad lo que necesitas para ser un par. Hay calcetines de vestir, calcetines deportivos, calcetines con Rombosman... ¿no sería fantástico pasar tiempo con alguno de ellos? ¿No sería bueno tener nuevas experiencias? Hay muchas calcetas que se ven interesantes.
Un buen día decides irte. Decides escapar y no volver. No aparecer por más que te busquen. Así te imploren regresar, tú no lo harás. 
Te sientes un calcetín libre. Todo es magnifico de nuevo.
Pero te das cuenta que estás solo. Que incluso, por tanto que has pasado, eres un calcetín roto.
Te preguntas a dónde irán todos esos calcetines que como tú decidieron desaparecer pero, por más que buscas, no los encuentras. Y formas parte de los miles de calcetines sin par.
Tal vez todo sería mejor si fueras una corbata.

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